HISTORIA

por Mariana Hsu

En un día muy cálido en Pinamar, cerca del anochecer, dos jóvenes llamados Julián y Dylan, luego de haber ido de compras a la verdulería, estaban de regreso a la casa de Gonzalo, el hermano mayor de Julián. Ellos dos además de ser vecinos, son amigos de la secundaria, y esa noche iban a armar una juntada con sus amigos en la casa de Gonzalo. Como postre, planearon hacer una riquísima ensalada de frutas, por lo que compraron una gran variedad de las mismas: manzanas, duraznos, peras, ananá, naranjas y por último, mangos.
Ambos mientras paseaban por la calle, escucharon cerca de un árbol un sonido muy familiar: “Cu-uh Cu-uh Cu-uh…”, los dos pensaron que era una paloma en celo, y por curiosos, se acercaron para confirmarlo. Por sorpresa, lo que vieron no era una paloma, ¡sino que era un búho con un plumaje muy esponjoso, y muy, pero muy gordo!
Se acercaron un poco, lo suficiente para no ahuyentarlo, y lo primero que hicieron fue sacar sus smartphones y tomar fotografías del pájaro, para luego mostrárselos a sus amigos, pero fue en ese momento que vieron a través de la cámara, que la criatura estaba llorando mirando hacia arriba: “Cu-uh Cu-uh Cu-uh…” seguía, y mientras lloriqueaba, movía sus alas sin cesar, pero por su gordura, sólo podía elevarse por 3 cm y luego volvía a tocar la superficie.
En el medio de la frustración y tristeza por no poder volar y subirse al árbol, de repente el búho vio a estos dos jóvenes, y en vez de escaparse, se les acercó y empezó a aletear, con la cabeza apuntando hacia una rama del árbol ubicada arriba de él. Julián y Dylan empezaron a preguntarse qué es lo que intentaba expresar.
Dylan empieza diciendo: -“¿Será que no sabe volar?” Julián: -“Nah, no creo, mira lo grande que es, no es un pichón.”
Dylan: -“Entonces no entiendo, ¿estará enfermo?” Julián: -“No parece, mira lo gordo que es, debe estar más saludable que nosotros dos juntos.”
Dylan: -“¿Tendrá hambre? Los búhos comen frutas, ¿no?”
Julián: -“Sí, puede ser, a ver, proba darle…no sé, un durazno que es más blandito.”

Dylan saca de la bolsa un pequeño durazno y se lo acerca al búho. Éste al ver que le querían regalar comida, se olvidó por completo de su fracaso como ave, y en vez de comer el durazno que tenía frente a él, fue directo a la bolsa de compras, ignorando por completo la existencia de Dylan, ya que dentro de ella, estaba su comida favorita: El mango.

Sin importar nada, el búho con su pico pincha un mango, sacándolo de la bolsa y empieza a comer felizmente. Dylan en un principio se enojó por el atrevimiento de este inesperado hurto, pero él al ver que el búho dejó de llorar, y sumado a que éste le devolvió con una mirada llena de amor y agradecimiento, se encariñó con la criatura, y al ver que estaba por terminar de comer su primer mango, le dio otro.
Mientras tanto, Julián al ver que el búho no paraba de devorar todos los mangos que compraron, le dice a Dylan: -“¿…Será que es tan gordo…por ser adicto al mango…que es por eso que no puede volar…y subirse al árbol?”
Dylan le responde: -“Y…yo creo que sí…seguramente tiene diabetes de tanto mango.”
Julián: -“Lo más probable, che, y… ¿si lo ayudamos a subirse al árbol?”
Dylan: -“Okay, pero… ¿y después cómo baja? Además, para empezar, ¿cómo hizo durante todo este tiempo
para que no se lo coma un perro o que lo pise un auto? Julián: -“Y, mira lo que es, es súper pachoncito, encima es muy tierno y no tiene miedo a la gente, para mí que estuvo robando mangos en todas las verdulerías de Pinamar, pero al ser tan kawaii (bonito/tierno en japonés), todos lo perdonaron y terminó así, tan gordo que no puede volar.”

Dylan: -“Ay…se cae a pedazos este bicho, bueno, hagamos esto: vos quédate acá cuidando a esta Cuchiwea, y yo ahora voy a la casa de Mariano que está a una cuadra de acá, a ver si tiene una escalera para dejarlo apoyado en este árbol, así puede subir y bajar por su cuenta.”
Julián: -“De una, apurate que tenemos que volver para preparar la ensalada.”

Y así fue como Julián y Dylan ayudaron al búho a subirse al árbol, y le quedó de nombre: “La Cuchiwea”.